domingo, 16 de noviembre de 2014

Paradoja de vida

Es terrible y hermoso ver que la vida cambia. Me alegra la no-estática y me desorienta el dolor provocado por este movimiento abrupto, inesperado, como también lo son las sorpresas más maravillosas. ¡Qué irónica puede ser la vida!
Mientras yo hago el amor, no muy lejos, hay alguien llorando en silencio la pena que es perder a un familiar; un poco más allá, una chica deprimida en la tina de baño al borde del suicidio, mientras otro, alegre, recibe la noticia de que tendrá un bebé

Olvidadiza.

Últimamente he pensado en que tengo un grave problema: soy muy despistada.
Lo digo porque siempre he de dejar algún cabo suelto en lo que hago. De hecho, el miércoles pasado, olvidé conectado mi celular en el salón donde tomé clases ese día. Para suerte mía, me lo devolvieron.
Situaciones como esta me dejan claro que no serviría como asesina; seguro olvidaría el arma homicida en la escena del crimen.
Aunque en lo personal me causa mucha gracia, esto me ha provocado consecuencias no tan agradables. Por ejemplo, con mis tareas del colegio.
Desde que tengo memoria, he tratado de apuntar todos mis deberes en una libreta, en la agenda o en el móvil, donde posteriormente pueda ver lo que tengo por hacer. Pero también se me ha olvidado leerlos o, peor, dónde los escribí... 
A estas alturas de la vida, ¿habrá solución para mí?